Cualquier integrante del público podía ser el personaje principal que se representaba en el escenario. Sí, ahí estaban nuestras experiencias sexuales, los miedos, las preguntas y los autoengaños. Todo lo que se encuentra dentro de nosotras fue apareciendo de la mano de la risa, mejor dicho de la provocadora actuación de Mercedes Castro.
Por Sandra Moreno
Me atrapó el título de la obra: Tengamos el sexo en paz. Hoy puedo decir que fueron doce euros bien invertidos este 26 de agosto. En la entrada del auditorio de Alhóndiga Bilbao, España, recibí una hoja informativa donde sobresalía del fondo negro la mezcla de ropa interior de hombre y mujer que formaba el nombre de la presentación. También aprecié el rostro sonriente de la actriz Mercedes Castro, la responsable del divertido monólogo. Ella supo hacer suya la cita de Franca Rame, Dario y Jacopo Fo, creadores del ingenioso texto:
“Abandonad todo propósito de `quedar bien´, de seducir precipitadamente, de alcanzar el placer a toda costa, y cuanto antes. Calma. El acto sexual no es un examen de informática ni un curso de hula-hoop. Calma”.
Con esa consigna bajo el brazo, Mercedes se paró frente al público sobre una gigantesca sábana de seda color rosa pálido. Tenía la apariencia de una mujer normal, vestida de falda y chaqueta gris, blusa tono perla, medias color piel, zapatos sin tacón y una cartera negra, donde bien podía meter un conejo de mago. Las gafas y la melena rizada terminaban de darle el toque de no experta en temáticas sexuales. Error.
Lo primero que hizo fue quitarse los zapatos. No hubo ningún mensaje erótico en la acción. Fue un gesto natural, sin embargo a partir de ese hecho se dio un despliegue de su voz y cuerpo que engulló a todo el público en el mejor orgasmo jocoso que hayamos tenido sentados en una butaca. Alrededor de ella giraban los efectos musicales, sonoros (truenos, campanas o disparos) y lumínicos. De esa forma, en determinados momentos, sobre todo en los más atrevidos, hizo acto de presencia la “conciencia”, bajo la figura de la “madre”.
Poco a poco se creó la complicidad entre el público y la actriz, maestra en lograr que nos riéramos de las mil y una anécdotas que viven hombres y mujeres gracias al sexo. La hilaridad allanó el camino para mencionar los temas espinosos como el aborto y el engaño entre las parejas, cuando no sentimos nada en el acto sexual pero ponemos cara de éxtasis total.
Tengo la sensación, luego de la hora que duró la obra, de haber aprendido más de sexo en ese tiempo que todo lo leído en mis 43 años de vida. Por lo menos supe reconocer un par de demonios que no me permitían tener el sexo en paz. Gracias Mercedes Castro y a todo su equipo de producción por el esclarecimiento, un regalo de vida que no tiene precio.